Cuando existe un conflicto, es habitual recurrir a una mediación donde cada parte presenta su posición, es decir, cuenta su propia historia. Pero si las partes se cierran en sus posiciones, el conflicto se agrava y su resolución se entorpece. Por tal motivo, una forma de avanzar hacia un acuerdo es encontrando alternativas que superen las posiciones iniciales…

Para ayudar a las partes a encontrar alternativas, un mediador puede… narrar historias! O sea, puede elegir una historia (lo mas relacionada con el conflicto que intenta resolver) y -a partir de ella- comenzar a «acercar» a las partes. Este creativo recurso permite explorar diversas opciones y predecir diferentes desenlaces. Puede ser utilizado con historias escritas y también con películas o series televisivas. Al mediar, una precaución respecto del uso de historias, es considerar primero la naturaleza del conflicto y la relación existente entre las partes. Esta técnica es utilizada por los mediadores de diferentes maneras: algunos simplemente narran una historia y piden -a las partes- que identifiquen los principales temas presentados, los valores demostrados, el camino recorrido para resolver el conflicto y la manera en que se relaciona esa historia con su propia situación. A lo largo de este proceso,se hacen preguntas como: ¿Qué desean los personajes? ¿Qué les impide obtenerlo? ¿Cómo se comportan los personajes unos hacia otros? ¿Con qué personaje se identifican?

Otros, utilizan las «versiones» de la historia. Para hacerlo, la cuentan desde la perspectiva de cada uno de sus personajes. Este uso es muy habitual cuando las partes se posicionan como «víctimas inocentes» y cada una describe a la otra como un «poderoso malvado». Las diferentes versiones permiten entender que, más que «buenos y malos», hay posiciones diferentes y que la responsabilidad de la resolución descansa en ambas partes. 

Entre las ventajas que presenta la narración historias en la resolución de conflictos, cabe destacar las siguientes: – Crea condiciones para una mejor comunicación: cuando un mediador cuenta una historia, predispone a las partes a la escucha. Esta actitud es esencial para avanzar en la resolución de la disputa.
– Establece distancia respecto del conflicto: al escuchar la historia, las partes se «distraen» del problema inmediato y esto las ayuda a ver la situación desde otra perspectiva: con una mirada más desapasionada y objetiva del conflicto. 
 Logra apertura: cuando ven reflejadas sus posiciones en una historia, las partes se «abren». Y desde un nivel simbólico, las personas se muestran más dispuestas a examinar sus propias actitudes y prejuicios.
 Muestra una transformación: si tomamos cualquier relato, seguramente encontraremos en su estructura un problema, una solución y -como resultado- un cambio. Al ser testigos de este proceso de transformación, las partes reflexionan sobre sus propios cambios.

– Brinda posibilidades: ya sea que terminen bien o mal, las historias siempre resuelven sus conflictos. Al enfrentar las diversas posibilidades de resolución, las partes comprenden mejor las consecuencias de sus decisiones y se sienten más comprometidas con «un final feliz«. Para llegar a un acuerdo, las partes deben ampliar su visión del conflicto. Sólo así podrán encontrar alternativas a sus posiciones iniciales. Este es el mayor poder de las historias: al ver el conflicto desde otro ángulo, las partes cuestionan sus paradigmas y amplían su visión. 

«Aquellos que no tienen poder sobre la historia que domina sus vidas, 
el poder de recrearla, repensarla, reconstruirla, reírse de ella y transformarla, 
no tienen poder alguno, porque no pueden pensar nuevos pensamientos.» 

– Salman Rushdie